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martes, 19 de mayo de 2020

VOLVER A LA CALMA


Hay momentos en los que sentimos la urgencia de calmar nuestra ansiedad... 💥

Experimentamos el deseo secreto de liberarnos por un instante de la pesada carga de pendientes, temores, deudas o de la incertidumbre que amenazan nuestra vida diaria... Alguna vez has deseado cerrar los ojos por unos minutos pensando que al abrirlos de nuevo, haya desaparecido todo aquello que te afectaba, como si solo hubiera sido un mal sueño?   Es posible recuperar la calma aun en el momento mas difícil, sin necesidad de ningún agente externo y nocivo para nuestra salud, sin evadirnos de la realidad para vivir en la fantasía haciendo con nuestra falta de responsabilidad, que la situación se torne mas grave y difícil de manejar.!!!

Cada día mas, el estilo de vida y las situaciones cambiantes y agresivas de la vida cotidiana, hacen que experimentemos una tensión que nos convierte en personas diferentes, agresivas, irritables, impacientes.....La tendencia a ver a primera vista todo lo negativo que ocurre ahora y pudiera suceder en el futuro...  Acumulamos la tensión físicamente en el cuello, los hombros, la espalda o simplemente tenemos un dolor de cabeza persistente, muestra de la somatización que hacemos en muchos casos cuando ya no podemos aguantar más....


Busquemos juntos las herramientas para recuperar nuestra serenidad:


 🙋📝

➽VISITA UN LUGAR DE PAZ.  Para algunas personas puede ser caminar o sentarse en un parque al aire libre, para sentir el calor del sol sobre su cuerpo o sentir el viento esto, les devuelve la calma... para otros puede ser pasar unos minutos en un lugar de recogimiento como en una iglesia, donde la paz, el silencio y la Presencia de La Divinidad poco a poco aquiete sus pensamientos e inquietudes. Encuentra el tuyo y visítalo con frecuencia.



➽DESCANSA LA MENTE.  Cierra los ojos por unos minutos y ayudado por tu imaginación recuerda el lugar al que más te gusta ir...  trata de visualizar los detalles del sitio y experimenta la sensación de tranquilidad y bienestar que te transmite ese paisaje, llénate de ellas y descansa...  Luego simplemente recuerda donde te encuentras y con mucha suavidad abre los ojos de nuevo. Imaginar momentos y situaciones ideales, nos devuelve la calma.



➽EVITA TENER EXPECTATIVA.  Deja de pensar en lo que ocurrirá después, en lo que recibirás mas tarde, en lo que te dará una persona en particular...  Muchas veces estar atentos a lo que esperamos nos impide disfrutar de lo que tenemos en este momento y además nos genera la ansiedad de la espera con la incertidumbre propia de algo que no esta en nuestras manos para resolver o alcanzar. Vive en el aquí y ahora!!!



➽RESPIRA Y MUEVE TU CUERPO.  Mueve tu cabeza suavemente alrededor de tu cuello, sube y baja los hombros varias veces, abre y cierra los ojos y mueve las cejas, sonríe, estírate como lo hace un gato...  Hazlo mientras respiras con suavidad, tomando el aire por la nariz y botándolo por la boca.



➽HAZ UNA LISTA CON LO QUE TE INQUIETA.  Escribir en un papel todo lo que tenemos guardado en la cabeza y que nos causa tensión, nos ayuda a liberarla y a tener una mejor perspectiva de la situación que enfrentamos. Puedes quemarla al final, imaginando que desaparecen las tensiones con ella.



➽RECUERDA EL ROSTRO DE UN SER QUERIDO.  Cierra los ojos  e imagina la cara de una persona que te quiera incondicionalmente y a la que tu quieras de la misma manera... Cuando nos conectamos al amor que sentimos por algunas personas, inmediatamente nos desconectamos de aquello que nos preocupa y la calma vuelve a nosotros.



➽HAZ UNA VIBRACIÓN. Practica una oración en voz alta o enciende una vela, como cuando eras pequeño...  Conectarnos a la Divinidad en nuestro interior nos hará sentir protegidos y nos desconectara del temor. Repítela varias veces atendiendo concientemente a cada frase para que puedas experimentar de nuevo la calma.



➽PIDE UN ABRAZO. Conoces la magia cálida de los abrazos?

Pídele un abrazo a esa persona que te inspira seguridad, protección o simplemente empatía y cariño... Muchas veces contarle a un buen amigo, a nuestra pareja incluso a nuestro terapeuta, cómo nos sentimos, mientras nos brinda un espacio, suele ser muy reconfortante. Sentirnos acompañados por un rato libera nuestras tensiones y nos devuelve la calma.



➽VUELVE A SER NIÑO . Aunque te parezca algo tonto...  Prepara tus ingredientes y ponte a hacer galletas en compañía de tus hijos de ser el caso, siente y deléitate de estirar la masa y elegir las formas y el sabor que deseas darles...  Permítete volver a ser un niño aunque sea por unos minutos y recobra la sonrisa y la tranquilidad!!  Estoy segura de que será una tarde muy especial y al final habrás recuperado la calma...

🔱¡Qué estés bien!!!

viernes, 23 de agosto de 2019

DESARROLLA TU MUNDO INTERIOR

La verdadera felicidad consiste en encontrar satisfacción dentro de uno mismo.
Todas las posesiones del mundo no bastan para darle a nadie la felicidad que algunas personas, que prácticamente no poseen nada, experimentan en su interior.
La mayoría de las personas no ha dedicado tiempo a desarrollar su mundo interior, su verdadero yo, por eso el mundo exterior sólo les proporciona placeres ocasionales y esporádicos.
Trabajar tu vida interior hará que tu vida social sea más fácil, porque no dependerás tanto de los demás, además te proporcionará fuerza y confianza.  

Cambiar para ser más nosotros mismos 

No podemos quedarnos estancados si sabemos que un cambio nos permitiría ser más coherentes, más eficaces y más felices

Bien como respuesta a circunstancias externas, bien por reflexiones vinculadas a nuestra evolución personal, en ocasiones nos planteamos la necesidad de tomar decisiones que suponen cambios drásticos en nuestra manera de pensar o actuar. Somos animales de costumbres y tendemos a responder del mismo modo ante estímulos similares, pero a la vez tenemos capacidad para reaccionar de modo distinto al habitual, ya sea porque el entorno nos exige en ese momento respuestas distintas (más adecuadas a la situación o más conformes a nuestra manera de ver las cosas) ya porque queremos mejorar como personas y ser más felices.

Los cambios surgen normalmente cuando sobrevienen circunstancias distintas de las habituales, porque son las que con mayor probabilidad pueden conducirnos a la necesidad de plantearnos una modificación de nuestro patrón de conducta. Una conversación sincera y dolorosa con un amigo de toda la vida, la ruptura de una larga relación de pareja, el nacimiento de un hijo, un proceso introspectivo que nos confirma la necesidad de cambiar, el traslado a otro país o ciudad, la muerte inesperada de un ser querido, la visita al psicólogo, los hijos que se van de casa, la primera experiencia laboral, una enfermedad, la jubilación... son muchos los factores que favorecen que pongamos en cuestión algunas de nuestras convicciones o costumbres.



La necesidad del cambio

Para crecer como personas, para madurar, para mantener un equilibrio emocional que nos permita responder a las exigencias del entorno, hemos de cambiar permanentemente. No podemos quedarnos estancados ni sentenciar "soy así, qué le vamos a hacer", si sabemos o intuimos que un cambio nos permitiría ser más coherentes, más eficaces y más felices.

Nuestra historia personal demuestra que como entes pensantes y sensibles que somos, cambiamos y evolucionamos cada día. Y esa es una de las emociones que nos depara la vida: comprobar cómo nos vamos adaptando, cómo vamos interactuando con el entorno. Cada nueva situación exige una respuesta específica que extraemos de nuestro interior tras remover, intuitiva o premeditadamente, nuestra experiencia y nuestra manera de pensar tras recibir la influencia de quienes nos quieren y nos rodean.

La mejor manera de reforzar nuestra identidad, de crear una personalidad dinámica y fuerte es permanecer abiertos a las señales del exterior y de nuestro interior, respondiendo en cada momento del modo más adecuado.

Se trata de tomar el timón de nuestro barco, de pilotarlo hacia donde queremos y podemos, y no hacia donde nos lleva la corriente o un mapa obsoleto que no incluye la información necesaria para una navegación óptima.

Pero hemos de distinguir bien lo que queremos cambiar. Con las tendencias profundas de la personalidad, con los sistemas de valores muy interiorizados, con los hábitos muy arraigados, hemos de mostrar un especial cuidado, porque modificarlos puede sumirnos en una crisis de identidad nada deseable. Para evitar este error está la reflexión.  



Por dónde empezar

Muchos de nosotros ya tenemos identificados los hábitos y actitudes más claramente mejorables, en la medida que nos causan problemas de convivencia, no nos resultan útiles, no nos satisfacen o son incoherentes con nuestra manera de pensar y de ver la vida. Comencemos por "trabajar" este ámbito de mejora, porque es el que más satisfacción nos va a deparar. No es fácil, porque son muchas y muy variadas las razones que nos han llevado a ser como somos. En esta reflexión, no debe importar la edad, nunca es tarde si el cambio nos permite interactuar mejor con el entorno o hacer las cosas tal y como creemos que debemos hacerlas. Si, por temor a lo desconocido o a equivocarnos, demoramos una decisión que sabemos acertada y necesaria nos estamos negando la posibilidad de madurar, nos estamos haciendo daño, al frenar una evolución del todo conveniente. Aplicar la receta de siempre ante exigencias nuevas o repetir errores del pasado ante situaciones ya conocidas, resulta en principio lo más cómodo y sencillo, pero nos conduce inexorablemente al estancamiento, y nos aparta del dinamismo inherente al hecho de vivir en un contexto que cambia.

También puede ocurrir que el freno al cambio no provenga de nuestros hábitos, miedos o incertidumbres, sino del exterior: la pareja, los hijos, los amigos, el trabajo, las convenciones sociales. No todos evolucionamos al mismo ritmo, pero cada uno debe intentar preservar las cadencias de su propia evolución, y adoptar las decisiones que considere esenciales para su progreso como ser humano. 



Los primeros pasos

Replantearnos, analizar cómo somos, pensamos y actuamos, es un ejercicio positivo y saludable siempre que lo hagamos con un objetivo de mejora y de adaptación al medio. Hay ocasiones en que tenemos claro lo que deberíamos hacer, pero nos encontramos con que una creencia muy arraigada nos impide adoptar la decisión. ¿Qué hacer en ese caso? Comencemos por reflexionar, por ver hasta qué punto es nuestra esa creencia y nos identifica esencialmente como personas. Muchos de estos prejuicios son adquiridos y no reflejan nuestro real sistema de valores. En ese caso, desprendámonos del lastre, y configuremos un sistema propio, coherente con nuestras convicciones profundas, que nos permita ser más felices y equilibrados.

Las personas que han conseguido realizar grandes y satisfactorios cambios en su vida, lo han hecho a costa de romper hábitos y creencias (suyas o ajenas) que les impedían evolucionar en la dirección deseada. Es frecuente que la idea motora del cambio sea una obsesión o una convicción profunda que permanecía aletargada esperando el momento para emerger. Pero no siempre es así. La creatividad de la psique humana es insondable, y una persona pensando y reflexionando puede llegar muy lejos si se lo propone. 


  La gente que no tiene una vida interior rica es esclava de sus posesiones y de su entorno...


Cambiar es propio de personas inteligentes

·     Nuestra vida y nuestra personalidad las vamos construyendo cada día, y un asunto tan esencial no podemos dejarlo en manos del azar ni de la voluntad de otras personas. ·         

·        Reflexionemos sobre lo que no "nos llena" de cómo somos. Escribamos una lista de cosas a mejorar, comenzando por las importantes.·         

·        Permanezcamos atentos a lo que nos pasa. Cada situación requiere una respuesta específica; cada deseo y cada sueño, también. ·         

·        Analicemos las situaciones nuevas y estudiemos las ventajas e inconvenientes de las decisiones que podemos adoptar ante ellas. ·         

·        Una vez meditada suficientemente la decisión, si decidimos cambiar, hagámoslo. ·         

·        Escuchemos a quienes se oponen, pero decidamos en libertad. ·         

·        El miedo al cambio siempre acecha: prestemos atención a los pensamientos constructivos y positivos, no a los negativos ·         

·        Si estamos convencidos de la necesidad del cambio y no nos vemos capaces de hacerlo solos, solicitemos ayuda a profesionales en psicología.·         

·        Seamos conscientes de que un cambio de rutinas o de manera de pensar supone un esfuerzo y entraña algún riesgo emocional.

¡Qué estés bien!!!

miércoles, 17 de julio de 2019

INDEFENSIÓN Y MALTRATO

Las conductas de indefensión son habituales en las víctimas que sufren maltrato. En ocasiones, se llega a un límite donde asumir que uno no tiene control sobre nada y que hagamos lo que hagamos, no cambiará esa realidad tan adversa.

La experiencia de la indefensión aprendida en las víctimas que sufren malos tratos es un fenómeno común. Ello explica por ejemplo, por qué en estas dinámicas relacionales tan dañinas, la persona sea incapaz de reaccionar ante una conducta que atenta contra su integridad física y emocional. Son sin duda situaciones muy complejas que debemos saber comprender.
Ser sensibles a este tipo de realidades es sin duda un elemento fundamental. De algún modo, algo que se preguntan muchas personas que no conocen de cerca el delicado universo del maltrato en la pareja, es por qué quien es víctima de cualquier tipo de abuso, no es capaz de emitir cualquier tipo de respuesta que ponga fin a esa situación. La indefensión aprendida es en gran parte de los casos la principal respuesta.
Por llamativo que nos parezca, es muy fácil caer en este tipo de espirales de dolor y vulneración absoluta. Lo es porque a pesar del daño evidente, existe el amor. Un amor mal entendido, nocivo y tóxico, es cierto, pero amor al fin y al cabo. Aparece a su vez, un vínculo basado en la dependencia, también en el miedo y en esa incapacidad a la hora de ver de manera clara objetiva lo que está sucediendo.
Debemos entender que estar expuestos de manera continuada a situaciones estresantes, acaba también afectando a la estabilidad psíquica y emocional. El cerebro a menudo desconecta, se habitúa y asume que ha perdido el control de todo lo que le envuelve. Profundicemos por tanto en este tipo de circunstancias.
Una de las principales causas por las que una víctima de maltrato no llega a reaccionar ante estas situaciones, se explica por el fenómeno de la indefensión  aprendida 
La indefensión aprendida en psicología, da forma a ese estado mental por el que una persona empieza a tolerar situaciones aversivas e incluso dolorosas sin reaccionar. Son circunstancias nocivas que repiten de manera constante y donde la víctima, asume que no importa ya lo que haga, no tiene el control sobre nada y la única opción que le queda es adaptarse sin emitir ningún tipo de respuesta.
Es como el niño que a lo largo de primaria ha suspendido siempre matemáticas. Al llegar a secundaria da por perdida esta asignatura al decirse a sí mismo que haga lo que haga siempre ocurrirá lo mismo. Es también el pensamiento que aplica quien transita por una depresión: ¿de qué sirve salir de casa o iniciar algún cambio si todo va a hacer que me sienta mal?
Ningún enfoque mental y comportamental puede ser tan dañino para el ser humano. Esta dimensión fue definida por Martin Seligman y su equipo en 1975, intentando explicar con ello, una parte de esa conducta psicosocial donde las personas se muestran rendidas ante determinadas circunstancias.
La indefensión aprendida y la violencia en la pareja
  • La exposición continua a la violencia consigue que la víctima, acabe modificando sus respuestas.
  • Al final, se asume que es mejor no hacer, no decir y no emitir respuesta alguna no solo para evitar el sufrimiento, sino también para no pensar siquiera en ello.
De este modo, podemos asumir que la indefensión aprendida actúa de tres maneras.
  • Indefensión motivacional: falta de respuesta para encontrar un modo de dejar atrás o defenderse de una situación negativa.
  • La indefensión cognitiva: los pensamientos de la víctima asumen que todo está fuera de su control.
  • Indefensión emocional: estado deprimido, con falta de motivación ante la creencia de que no se puede hacer nada ante esa circunstancia adversa.

El ciclo de la violencia y cómo se desarrolla la indefensión aprendida

La indefensión aprendida se va erigiendo poco a poco en el cerebro de la víctima. Es un proceso altamente doloroso donde finalmente, se integra este mecanismo de defensa casi a modo de salvaguarda para dejar de sufrir, para dejar de reaccionar ante un hecho donde se asume que lo mejor es rendirse. Sin embargo, debemos tenerlo claro, rendirnos es lo peor que puede suceder.
Por término medio, el ciclo de la violencia se basa en las siguientes dinámicas:
  • Aparecen los malos tratos físicos y/o psicológicos: agresión, celos, insultos, etc.
  • La víctima empieza a vivenciar el impacto de estos hechos de manera continuada. Se da cuenta de que si reacciona, corre el riesgo de sufrirlos nuevamente de manera más intensa.
  • El matratador o maltratadora, por término medio, puede mostrar después una conducta de arrepentimiento y la promesa de que no volverá a suceder. La otra persona lo cree y continúa con la relación.
  • Sin embargo, al poco vuelve a darse un episodio violento y la víctima asume entonces que no hay salida. Lo mejor es aceptar la situación y no reaccionar.

¿Cómo superar la indefensión aprendida?

La indefensión aprendida es una cárcel psicológica de la que podemos y debemos salir. Lo que se necesita en estos casos es todo el apoyo posible, tanto por parte de profesionales especializados como del entorno más cercano de la persona. La situación de desamparo emocional con la que llegan las víctimas de la violencia en la pareja, es a menudo inmensa.
En estas situaciones, la terapia psicológica es fundamental. Deberá hacerse frente al impacto de un trauma, teniendo que reconstruir en muchos casos la propia identidad, la autoestima y recuperar muchas de esas habilidades sociales básicas como la asertividad para hallar las propias fortalezas con las que seguir adelante. Asimismo, será imprescindible el apoyo legal para proteger a la víctima y separarla de su maltratador.

¡Qué estés bien!!!



viernes, 7 de junio de 2019

EL COMPROMISO DE EDUCAR


Un proyecto único...
Cada familia, como las personas que la componen, es diferente, única e irrepetible. Por tanto, no hay recetas válidas para todas. Cada grupo familiar enfrenta el reto de educar a partir de su propia situación, de sus condiciones de vida, de su historia y de su proyecto.

Las familias tienen costumbres y maneras de ser que han heredado y otras que han elegido conscientemente. Lo que al interior de nuestro grupo está prohibido o está permitido, debe ser adecuado a nuestra forma de vida, pero también a nuestros objetivos y aspiraciones como personas y como padres.
Son los padres quienes enseñan muchos de los elementos que conforman la cultura de cada sociedad, los cuales están presentes en el lenguaje, la forma de organizar la vida cotidiana, los modos de relacionarnos, los ritos con los que celebramos la vida y asumimos la muerte, las formas de trabajar y de producir, incluso las maneras de entender el mundo. Lo que consideramos bello, lo que nos parece útil, lo que creemos valioso. Las familias transmiten, conservan y transforman esta herencia.

De todas estas enseñanzas, quizá la más importante que ofrecemos a nuestros hijos es aquello que consideramos nuestro ideal de persona. Las actitudes, respuestas, conductas, modos de percibir, sentir y actuar que tenemos en alta estima, es decir, todo lo que nos hace mejores personas.

A diferencia de la escuela, los libros o los medios de difusión, que también tienen la función de educar, lo que se adquiere en familia tiene la característica de estar marcado por el afecto. El niño está pendiente de cualquier expresión de amor o rechazo de sus padres. Por eso lo que se aprende en la primera infancia deja una huella profunda. En algunos casos funda principios que nos serán útiles toda la vida, en otros siembra prejuicios o actitudes difíciles de superar.

La familia educa cuando lo planea conscientemente y también cuando no se lo propone. Los niños aprenden de lo que decimos pero, también, de lo que callamos. Y es que la educación más efectiva es la que se da con el ejemplo. Los niños aprenden más de lo que hacemos que de lo que decimos. Los educa observar cómo se tratan su papá y su mamá, qué tareas comparten y cuáles no, cómo plantean y resuelven sus desacuerdos, cómo se relacionan con sus propios padres y hermanos, con sus vecinos, con sus compañeros de trabajo. La forma en que muestran su afecto, expresan sus emociones, defienden sus derechos y asumen sus compromisos.

Educar a nuestros hijos nos compromete de manera integral. Si queremos ser buenos educadores, tenemos que aceptar la invitación que nos hacen nuestros hijos a ser coherentes con los valores que predicamos, a buscar la congruencia entre lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos.

NUNCA ES TARDE

A veces me pregunto cómo sería el mundo si a todos nos criaran en hogares en los que los padres supieran cómo amarnos y apreciarnos, educándonos de la manera correcta.
Me pregunto cómo sería el mundo si tuviéramos toda una generación de niñas y niños criados por padres cariñosos y sensibles.
Personas con conciencia, confianza en sí mismas, suficientemente amables y concentradas en la mejor forma de ayudar a los demás, en lugar de burlarse de la debilidad, mantenerse amargadas o ignorar a los necesitados.
Muchos de nosotros no tuvimos una infancia así, pero lo bueno es que no es demasiado tarde para que ninguno de nosotros "volvamos a criarnos" a nosotros mismos con la ayuda adecuada.
Ahora podemos ser el adulto que no tuvimos a nuestro lado cuando crecíamos. Podemos amarnos, reconocernos y valorarnos.
No somos responsables de las experiencias negativas que hemos tenido de niños. Sin embargo, como adultos, sí somos responsables de decidir qué hacemos con ellas. 
Si has descubierto cosas sobre ti mismo que te gustaría cambiar, tienes una nueva oportunidad en tu condición de padre comprometido.

XXXXXXXXXXXXXX Ejercicio XXXXXXXXXXXXXX
1. Piensa en tu hijo. Obsérvalo, recrea en tu mente cómo se ha ido desarrollando desde que era un bebé. Intenta especificar cómo es hoy, con sus características físicas, temperamento. Analiza su forma de relacionarse con los demás. Reconoce sus cualidades y sus retos, lo que se le facilita y lo que le cuesta trabajo. Descríbelo sin compararlo con nadie. Ahora pregúntate ¿En qué nos parecemos? ¿En qué somos diferentes? ¿Qué heredó de mí? ¿Qué ha aprendido de mí? ¿Cómo se lo enseñé?
2. Sopesa tus metas personales, laborales, sociales y familiares. Asígnales el orden de importancia que tienen para ti. Revisa tus actividades de un día cualquiera (podría ser lo que hiciste ayer). Trata de relacionar cada actividad con tus prioridades. ¿Es proporcional el tiempo que le dedicas a cada actividad a la importancia que tiene para ti? ¿Qué lugar ocupa en tu vida la educación de tus hijos? Cuando estás con ellos, ¿qué comparten?, ¿qué actividades realizan juntos? Uno de los retos más complejos del ser humano, es equilibrar tiempo y prioridades. Si tenemos pocas horas para la convivencia familiar, tratemos de que la calidad de ese encuentro compense su brevedad.


Los padres en general desean ante todo la felicidad de sus hijos, pero si las circunstancias los llevan a la situación de eludir su responsabilidad y descansar en los hijos sus obligaciones, tarde o temprano lo que les parece difícil de enfrentar ahora, será algo cada vez más complejo, más serio y grave que sólo les reportará grandes sufrimientos.

 ¡Qué estés bien!!!