El amor
Es necesario aprender a adaptarnos
al ritmo de cada situación, de cada persona como si bailásemos una
danza. Cuando conseguimos encontrar el tempo, todo fluye y se
vuelve más fácil: una conversación, una relación, el juego del amor y
también, el dolor. Todo tiene su tiempo, y aceptarlo nos permite formar parte
de esta hermosa armonía.
(Jaume Soler Lleonart)
Hace casi un siglo que el
amor lo han unido a la institución familiar, es decir, al matrimonio.
Anteriormente casi todos los matrimonios eran concertados. El marco familiar no
tenía nada que ver con el amor. Se casaban por conveniencia esperando que con
el tiempo surgiera el afecto o no. Eso era lo de menos.
La evolución social y cultural, la igualdad entre sexos, propiciaron la
libertad de elegir pareja. Paradójicamente los divorcios, separaciones han
aumentado de forma considerable.
De ello podemos deducir que el amor no es algo inherente al matrimonio, ni que
la convivencia estable y duradera es consecuencia del amor. Por lo menos no del
amor romántico.
El amor apasionado, romántico, aquel que no ve defectos, ni dificultades, ese
que da fuerzas y entusiasmo, no es ni mucho menos el que crea la estabilidad y
la felicidad de la pareja.
El amor ha de implicar respeto hacia el otro y hacia uno mismo (no se nos
olvide). Debe proporcionar una relación equitativa (dando más o menos en cada
tema al 50% aproximadamente). No se puede depender, ni que dependan en los
sentimientos (si me deja no valgo nada). El amor ha de dejar independiente al
otro (si sale con amigos es que no me quiere). El amor requiere esfuerzo,
sentido común, voluntad de llegar a acuerdos, flexibilidad, picardía,
comunicación, intereses comunes, cariño y sentido del humor, a fin de mantener
la ilusión y el deseo.
El amor casi siempre comienza a decaer en el marco de la convivencia, entre
otras cosas porque desciende el grado de idealización. Muchas personas piensan
que el amor lo puede todo, que si fracasan en la relación es porque no estaban
enamorados, porque no han encontrado la persona idónea. Este error hace que no
se realicen los esfuerzos necesarios por ambas partes para mantener a la
persona que queremos a nuestro lado. Por ambas partes, lo subrayo porque en el
momento que uno de los dos empiece, como costumbre, a dar más, el equilibrio se
pierde.
Un objetivo realista que haga crecer a la pareja es el de ser responsable de la
propia felicidad en armonía con la del otro. Si alguno de los dos, consciente o
inconscientemente, pretende abusar obteniendo la mayoría del tiempo más
privilegios, la estabilidad se rompe.
Todo esto se aprende y generalmente aunque se tenga mucha edad casi nunca es
tarde. Hay que empezar por encontrar una persona que nos atraiga con las
cualidades que más nos gustan (inteligencia, bondad, atractivo físico,
educación, fidelidad...), pero esto es la punta del iceberg, el trabajo que
viene después es lo que hará que conservemos el amor.
Primero debemos saber lo que nos espera. No es lo mismo
"ser novios" que convivir. Como dice el refranero español "de
novios mieles, de casados hieles". La primera etapa (de novios) que es la
más fácil se caracteriza por:
* Un bajo nivel de responsabilidades
* Un alto porcentaje dedicado al ocio
* Alto grado de novedad
* Alto intercambio de conductas gratificantes o halagadoras
* Falso conocimiento de expectativas futuras
La baja tasa de responsabilidades
En la mayoría de las situaciones, cuando una relación comienza pasa bastante
tiempo hasta que se establece un compromiso. Este periodo facilita la
valoración positiva de las conductas de ambos que se viven sin prejuicios y con
libertad. No hay que pagar letras, ningún acuerdo explícito que obligue a nada,
ni responsabilidades. El sentimiento, el deseo y la atracción es lo que motiva
a que se salga con más frecuencia. Sin embargo, hay que pensar que todo esto
cambia en el momento que se empieza a convivir.
El tiempo dedicado a diversiones
Después de una jornada de trabajo o de estudio los novios se dedican ha
charlar, bailar, deporte, relaciones sexuales...., es decir, a cosas
placenteras. En la convivencia todo este tiempo desciende.
Nivel de novedad
En la primera etapa de la relación, casi todo son novedades, en su mayoría
agradables. Esto contribuye a mantener el interés inicial mutuo. Como sabemos
la facultad de sorprender es gratificante y motivadora. Iniciada la
convivencia, el grado de novedad desciende. Si las expectativas eran muy
elevadas, o no trabajamos este área, la desilusión puede empezar a instaurarse.
Intercambio de conductas gratificantes
El sentimiento de felicidad entre dos personas depende en gran parte del número
de comportamientos agradables que realicen ambos. En la época de noviazgo el
intercambio de dichas conductas suele ser muy alto. La convivencia hará que
veamos a las personas más reales, la idealización decrece, surgen los
problemas.. es por tanto, cuando debemos aprender a solucionar las distintas
dificultades.
Expectativas
El mundo imaginario que se haya hecho de la pareja es muy perjudicial para
luego la convivencia. La realidad no tiene nada que ver con el concepto
idealista del amor. Muchas veces, esas falsas expectativas, es porque en el
noviazgo nos han vendido una imagen que no era. También puede ser porque nos
hemos creado nosotros mismos a una persona que no existía. El cuidado que
pongamos en este aspecto es fundamental para el buen desarrollo de la
convivencia. Es mejor pecar de realista que de idealista.
Como podemos apreciar la etapa de conocerse, de noviazgo es más gratificante
que ninguna otra. Es cuando realmente disfrutamos y nos hacen disfrutar sin
responsabilidades, ni deberes, ni deudas. No hay que precipitarse por tanto en
convivir, y mucho menos en tomar decisiones impulsivas. Analizar la situación
dejando al lado lo emocional nos ayudará a resolver con menos equivocaciones si
vivimos una vida en común. Medir paso a paso que responsabilidades adquirimos,
saber que pasaremos más tiempo con tareas propias del hogar (lavar, cocinar..),
como será esa persona para compartir esas tareas, que defectos y virtudes
encontraremos en la convivencia, que podemos esperar en el futuro (de trabajo,
de relación, de comunicación, de fidelidad..) de esa persona, nos hará
decidirnos con más equilibrio y generalmente, realizaremos una elección más
correcta.
Debemos pensar que ninguna pareja "per se" es feliz o problemática
(aunque por supuesto con unas personas te llevas mejor que con otras). Pero ni
los caracteres opuestos se atraen, ni hay que buscar almas gemelas. Si hay que
trabajar las habilidades que nos permitan aceptar, aprender como resolver los
problemas, hablar sin insultar, sin críticas, llegar a pactar acuerdos y saber
hacerse respetar, entre otras.
Recordemos que si nos comportamos de forma agradable con el otro; él o ella se
sentirá motivado a comportarse de la misma manera. Lo que aumentará la
satisfacción a seguir siendo agradables por ambas partes. Si además, no
permitimos, de forma suave, que nos traten mal ayudaremos a establecer este
círculo tan importante para la convivencia. Las dos personas se verán
recompensadas para seguir con las conductas placenteras. La rigidez y el autoritarismo
son tan enemigos de la relación como el darse por entero.
¡Que estés bien!!!


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